La fauna ibérica. El hombre y las tierras.
Soy un ignorante. La culpa es mía, sin duda. En el cole me escabullía de las clases que no me gustaban, todas menos el recreo, y el resultado salta a la vista. Me he convertido en un zoquete. Me consta. Camino con esa carga por el mundo, lo que no evita que agarre un enfado mayúsculo cada vez que, como me ha ocurrido hace unos días leyendo la prensa, comprenda que no sé nada –si siquiera “me sonaban”- de acontecimientos históricos de trascendencia mundial.
Así me ha ocurrido con la batalla de Almansa. Por favor, no se rían. He conocido la batalla de las Termópilas por la peli, las de Iso, Gaugamela e Hidaspes por la peli, la de Austerlitz por otra peli, qué decir de la de Accio que han recreado en varias pelis, así como cuando se cruza el Rubicón, las púnicas, que son anteriores a lo del río, varias de la II Guerra Mundial y la batalla del Ebro, por ser cosa patria, incluso la de las Navas de Tolosa. Pero de Almansa, pobre de mí, nada sabía.
Pues bien, representa, a través de la derrota de Carlos de Austria a manos del victorioso Felipe de Anjou, el inicio de la ocupación española del reino valenciano. Sus fueros y los de Aragón se abolieron y, claro, la opresión se instauró en el reino del turrón y de la horchata.
Quizás si no hubieran tenido la sangre de ídem, pudieran haber masacrado a los hispagabachos, pero la cosa fue como fue y, claro, ahora resulta, que con toda justicia el municipio de Pedreguer quiere poner cabeza abajo el décimo sucesor del tal Felipe V.
Y, cosa también de sentido común, a nuestra majestad, que no le apetece adoptar tan incómoda y poco decorosa figura, ha decido enviar una foto suya tamaño elefante para dar satisfacción a sus súbditos, siempre tan atento SAR, y librarse al mismo tiempo de esta fastidiosa obligación.Los Carlos no deben ser muy hábiles militares y no sirven para otra cosa que para perder y perder. Pues otro Carlos daría lugar a las guerras homónimas donde por cierto el espabilado Zumalacárregui murió porque él sabía más de medicina que el propio médico que lo atendía, y es que ya se sabe cómo son los vascos. Bueno, pues cuestión de fueros o de herencia, el caso es que el tal Carlos la lió y, de nuevo, los opresores españoles acometieron a las desvalidas vacas y avispas vascas. Lo de avispas no lo digo yo, sino el Anasagasti oyes tú.
Los de por aquí, los andaluces digo, no nos hemos metido en estos fregados de lo que fueros y no fueros, pero, como somos la mar de solidarios, en Martín de Jara han votado el advenimiento de la III república
Total, que Leonorcita lo lleva fatal para ser otra cosa que la reina de su casa y el De todos los Santos, pues peor, aunque lo acompañe tamaño ejército de superpoderes.
Mira cómo bala la ovejita, beeeeeeeeeeeee.
¿No decía algo así Krahe? Lo cierto es que cito de cabeza, pues no he seguido su carrera. Se me ha ocurrido, así, de pronto, por colocar una frase con animalito incluido. Pues el mundo anda lleno de animalitos, pues los usamos para todo, incluido para construir metáforas. ¿O no lo son?. ¿Lo son o estamos ante meras descripciones de la fauna? Juzguen.
También leo en la edición digital de un periódico las siguientes palabras citadas por Anasagasti –¿he de introducir quién es ese señor?, supongo que lo conocerán, y el que no lo conociere, suerte tendrá- en relación a la polémica que se viene creando respecto a las banderitas en edificios públicos, que deben ser donde trabajen hombres y mujeres públicas y algún que otro transexual público, pues con esto de la igualdad también tienen derecho a trabajar. Pues bien, este vascuence dice “no conviene darle una patada al avispero”. A lo que me supongo que el administrador de la pierna es el estado español y las avispas zumbonas la comunidad autónoma del país vasco
Después mencionaré a otro perteneciente al reino animal, no un vulgar insecto, sino una ave con cierto señorío y elegancia. Pero antes quiero citar otra frase leída el 27 de Septiembre que no menciona ningún bicho, pero que hay que ser muy animal para decirla. Se refiere de nuevo a SAR, que no lo dejan en paz al pobre hombre. Se trata de la proposición de Ezquerra para sustituir en el mando del ejército a la figura de su alteza por la de su excelente presidente del gobierno. Dicen: “no se puede admitir en democracia que el máximo rango militar se otorgue en función de nacimiento y no de capacidad”. Total, que el capataz capacitado para ir, pendón en mano, en la otra mano lo que él quiera, por cierto, que habría que precisar qué estandarte luciría, habría de ser el señor zapatero. Pero yo creo que él, antes de eso, dimitiría, ¿o ustedes creen que el sueldo de zapatero paga el estar expuesto a las balas enemigas? Así que si dimite, el pendón lo debería llevar la señora De la Vega, lo que convierte a la frase en una reiteración. No sé qué pensar de la propuesta. No me parece mal. Creo que a SAR tampoco le debe parecer mala idea; en definitiva, se libra de la mili, aspiración secular de todo español, y queda como hasta ahora, más o menos, es decir, su retrato en los ayuntamientos, pero cabeza abajo, que ahora los alcaldes quieren darle un retoque artístico al consistorio (y se evitan así otras reformas). Si lo llega a saber SAR, no afina su puntería con lo del oso. Ahora que los españoles perdemos a un fenomenal francotirador, pues dicen que el disparo fue certero y eso que el oso se balanceaba. Los cuadros, cabeza abajo. Yo ya le he dado la vuelta a mi Miró, pero no se nota, así que me voy a hacer con la foto de SAR o de Leonorcita.
Me dicen que todo esto es simbólico, que no tiene que ver con SAR, sino más bien con la política, que vascos y catalanes y valencianos y gallegos quieren ser autónomos. Yo no entiendo de símbolos y tampoco entiendo por qué quieren ser autónomos, pues trabajan más y además no tienen vacaciones. Pero si es su deseo. Por mi parte, como soy funcionario andaluz, entre siesta, pescaito frito y el sol, no me entero de nada.
Por cierto, que otros que andan detrás de ser autónomos –no sé yo si una sociedad se puede mantener exclusivamente con autónomos- son los belgas. En su caso, además, están peleados. Resulta que Valones y Flamencos no se pueden ni ver. Dicen que quieren ser los unos autónomos de los otros, que no sé yo sí querrán decir que los unos quieren facturarles a los otros, pasarles factura vamos. Que hagan lo que quiera, pero que no se peleen, porque será lo mejor para los Balones, pues los Flamencos los desinflan a poco que afilen sus picos. Y la pelea no creo que les interese ni que la deseen siquiera los flamencos, conscientes como son de que su victoria será pírrica, fugaz, y sus esfuerzos fútiles. Pues en su soledad estarían condenados a la extinción a las primeras de cambio. Eso siempre que esos bichos sean tan rosas como aquéllos que huían despavoridos de Sonny Crockett en los primeros fotogramas de Corrupción en Miami. Claro, que de las cromáticas chaquetillas de Sonny huiría cualquier especie y cualquier género, macho o hembra. De sus garras también quiso escapar su señora esposa cuya madre también sufrió el acoso de las gaviotas (más animales, es la guerra) y tuvo que acudir el Zorro a rescatarla.
Y, me digo yo, como el zorro es tan buen cristiano y ha dado muestras de gran solidaridad con lo rosa, imagino que también hará por salvar a los flamencos, a los belgas me refiero; con lo que los pelotas quedan desvalidos a mí parecer y únicamente les queda hacer los pelotas para medrar lo posible y asegurarse de cualquier manera su futuro.
Caballeros, Bélgica se hunde. Si lo llegamos a saber podríamos habernos evitado a su gran Leopoldo. Y los congoleños también, pero como ésos son también animales pues no cuentan.
Todo esto viene a razón, por si no se han dado cuenta, del futuro feudalismo cibernético. Los territorios amurallándose para no contagiarse de la peste del vecino. Otros, amurallándose para no tener que recibir a más vecinos. Otros, amurallándose para preservar lo materno, pues liarse a hachazos con un tronco o que un tipo con gorra roja pegue dos patadas al aire a la altura del rostro son actos, cómo pueden imaginarse, de una carga cultural y una profundidad etnográfica, que Cervantes queda a la altura del betún. Además, como resulta que este caballerete luchó a favor de la odiosa cruz en contra de la desvalida media luna, es merecedor de una damnatio memoriae.
Así que, chicos, a estudiar. Si no sabía nada de la trascendental batalla de Almansa, es que puedo dudar de todo. Ya no sé si Colón era genovés u oriundo de tal, si la penicilina es deudora de Fleming o de un honrado y modesto agricultor de tal al que robaron la patente, si tal es heredero de un pasado glorioso labrado por la peculiar singularidad de los taleños, si tal y tal.
Humillado en mi ignorancia, vaticino que el porvenir os pertenece: insectos, zancudas aves, objetos redondos.
No sé cómo quedará la querida España nuestra que cantaba Cecilia antes de morir, pues lo suyo debió ser asesinato. En principio, semos diciesiete, pero también Cartagena quiere tener sus murallas y lo cierto es que argumentos históricos no le faltan. Los leoneses también quieren murallas, y nuevas, que no las quieren construir con las piedras de la catedral. Y más arriba nos quieren ver nunca maix. Los moritos anhelan hacernos revivir el pasado, así que tendremos que construir otras murallas (para que no entren). En mi pueblo andan peleados con los del pueblo de arriba, por un asunto de contención de aguas, así que por este acto solicito para ellos sus propias murallas y que cada cuál contenga cómo quiere sus aguas. Por cierto, que el tema de las aguas es cómo lo de las banderas en la luna. El que primero las menciona, para él. Así, el cordobés Montilla dicen que no le toquen el Ebro, que no se lo toquen. Y parece que el señor Chaves ha declarado que el Guadalquivir es suyo. Supongo que se referirá a que es de la comunidad, porque menudas tragaderas debe tener si se lo pretende apropiar a título privado. Esto es el far west (¡y que al personal no le gusten las pelis de vaqueros!). Que digo yo que puestos a elegir, porque no hemos declarado como nuestro el Rin, que lleva más agua y por aquí andamos sequitos. Pues se trata, como han hecho en Marín de la Jara de declarar primero. Ellos lo han hecho con la república y ya la tienen, ahora quién es el guapo que se la quita, aunque deberían saber que a todo cerdo le llega su San Martín.
Como ya estoy harto de animales y de declaraciones, digo que, por este acto (¡ya entiendo a Calvino!) me convierto en Rinoceronte.
domingo, 30 de septiembre de 2007
viernes, 28 de septiembre de 2007
Los suecos, el barco, el muñeco
¿Es una errata? ¿O el errato soy yo?
He de reconocer que no estoy versado en la gramática patria, tampoco en la foránea, pues ya sería un caso reconocer como materna la lengua búlgara, por citar un ejemplo, y desconocer aquélla que me ha parido, aunque el parto sea un engendro, como el de todos. Alguien dirá, pues ésta es tierra de inmigrantes, que ya le gustaría reconocer diversas lenguas extranjeras, pero ése es un cerdo, sea quien sea.
Bueno el caso es que hace unos días leía un titular en un periódico de distribución gratuita –Diario de Almería- que decía así “Almería recibirá 700 turistas suecos en barco”. Anduve todo ese día cavilando, la noche en claro, el día en turbio, si aquello estaba correctamente expresado. El titular, ¿era ambiguo? me preguntaba en las largas horas de la madrugada, ora cabeza en la cabeza, ora cabeza en los pies. Así, inquieto, pasé la noche. La posibilidad de que la ambigüedad únicamente fuese claramente implícita para mí, me desazonaba. Porque, digo yo, está claro su verdadero significado, ¿no?. Almería se va a convertir en destino turístico de centenares de escandinavos que acometerán estas latitudes en un maravilloso crucero. No lo precisa el rotativo, pero es seguro que harán parte de su viaje en avión, pues venir desde las tierras de Thor directamente por mar les llevaría, a mi juicio, un tiempo excesivo.
El otro posible significado es imposible, ¿no? Según éste, Almería se montará en un barco y saldrá a recibir a 700 turistas suecos. Hemos de suponer que estos señores acudirán a la cita navegando en otro barco, de forma que la alta mar será escenario de un hermoso encuentro, como el que se produce con motivo de las fiestas de la Virgen del Carmen o el Encuentro del ¿Jueves? Santo, aunque éste último no mediterráneo. Si nos ceñimos a este sentido del titular, quedaría no obstante por precisar que es “Almería”. Como es obvio, no puede referirse el periodista a que todos los habitantes de Almería montarán en barco. Eso sería una barbaridad. ¿Cuántos barcos se necesitarían? ¿Y quién quedaría a la orden de regular el tráfico del puerto, tendría que contratarse a uno de Huelva, pues los de Almería estaríamos en la faena de la recepción? Sinceramente, esto no lo factible y desde un punto de vista económico es ruinoso. Así que imagino que la abstracción “Almería” se refiere a un político o a una especie de mascota. Que conste que la conjunción “o” se utiliza para plantear dos alternativas, en modo alguno está siendo usada para expresar equivalencia entre ambos términos. Vaya, que no quiero decir que los políticos sean mascotas, sino que al barco de suecos lo recibe bien un político bien una mascota. Y yo creo sinceramente que esto no es un papel que deba ser asumido por uno de nuestros políticos. A saber, nuestro representante se puede marear, el agua y el viento le dejan el traje hecho unos zorros, y no es serio que la primera imagen que vean los suecos de Almería sea la de un político que sombrero en mano y agitando los brazos al viento se dirija a toda máquina al abordaje de su pobre trasatlántico.
Sin embargo, si cambiamos al político por una simpática mascota –para el caso que nos ocupa tan solo- el efecto puede ser, por el contrario, muy positivo. Entendámonos: están de vacaciones, hartos del viaje por mar, y antes de llegar a tierra un animalito les lleva un mensaje de bienvenida y de alegría de parte de nuestra ciudad. Porque está claro que la mascota ha de ser un animalito. Así ha sido desde el noventa y dos. Un animalito taxonómicamente intratable, de varios colorines, aunque lo cierto es que con una constante paleta cromática , y de nariz y/o rabo desproporcionado. Ah! y regordete, cosa que es paradójica cuando se trata del patrocinio de eventos deportivos. Que, para serles sincero, a mí, que soy una piltrafa físicamente hablando, nunca acaban de caerme del todo bien; pues siempre pienso en mis camaradas perdedores. Imagínense los años de esfuerzo para llegar a una olimpiada. Nerviosismo, un mal día, mil factores posibles, te echan a casa a las primeras de cambio y, abandonando, el estadio olímpico, te cruzas con el gilipollas del muñeco y te dedica su mejor sonrisa. Lógicamente, le pegas una hostia. Pues eso, que no venga ningún sueco mareado.
He de reconocer que no estoy versado en la gramática patria, tampoco en la foránea, pues ya sería un caso reconocer como materna la lengua búlgara, por citar un ejemplo, y desconocer aquélla que me ha parido, aunque el parto sea un engendro, como el de todos. Alguien dirá, pues ésta es tierra de inmigrantes, que ya le gustaría reconocer diversas lenguas extranjeras, pero ése es un cerdo, sea quien sea.
Bueno el caso es que hace unos días leía un titular en un periódico de distribución gratuita –Diario de Almería- que decía así “Almería recibirá 700 turistas suecos en barco”. Anduve todo ese día cavilando, la noche en claro, el día en turbio, si aquello estaba correctamente expresado. El titular, ¿era ambiguo? me preguntaba en las largas horas de la madrugada, ora cabeza en la cabeza, ora cabeza en los pies. Así, inquieto, pasé la noche. La posibilidad de que la ambigüedad únicamente fuese claramente implícita para mí, me desazonaba. Porque, digo yo, está claro su verdadero significado, ¿no?. Almería se va a convertir en destino turístico de centenares de escandinavos que acometerán estas latitudes en un maravilloso crucero. No lo precisa el rotativo, pero es seguro que harán parte de su viaje en avión, pues venir desde las tierras de Thor directamente por mar les llevaría, a mi juicio, un tiempo excesivo.
El otro posible significado es imposible, ¿no? Según éste, Almería se montará en un barco y saldrá a recibir a 700 turistas suecos. Hemos de suponer que estos señores acudirán a la cita navegando en otro barco, de forma que la alta mar será escenario de un hermoso encuentro, como el que se produce con motivo de las fiestas de la Virgen del Carmen o el Encuentro del ¿Jueves? Santo, aunque éste último no mediterráneo. Si nos ceñimos a este sentido del titular, quedaría no obstante por precisar que es “Almería”. Como es obvio, no puede referirse el periodista a que todos los habitantes de Almería montarán en barco. Eso sería una barbaridad. ¿Cuántos barcos se necesitarían? ¿Y quién quedaría a la orden de regular el tráfico del puerto, tendría que contratarse a uno de Huelva, pues los de Almería estaríamos en la faena de la recepción? Sinceramente, esto no lo factible y desde un punto de vista económico es ruinoso. Así que imagino que la abstracción “Almería” se refiere a un político o a una especie de mascota. Que conste que la conjunción “o” se utiliza para plantear dos alternativas, en modo alguno está siendo usada para expresar equivalencia entre ambos términos. Vaya, que no quiero decir que los políticos sean mascotas, sino que al barco de suecos lo recibe bien un político bien una mascota. Y yo creo sinceramente que esto no es un papel que deba ser asumido por uno de nuestros políticos. A saber, nuestro representante se puede marear, el agua y el viento le dejan el traje hecho unos zorros, y no es serio que la primera imagen que vean los suecos de Almería sea la de un político que sombrero en mano y agitando los brazos al viento se dirija a toda máquina al abordaje de su pobre trasatlántico.
Sin embargo, si cambiamos al político por una simpática mascota –para el caso que nos ocupa tan solo- el efecto puede ser, por el contrario, muy positivo. Entendámonos: están de vacaciones, hartos del viaje por mar, y antes de llegar a tierra un animalito les lleva un mensaje de bienvenida y de alegría de parte de nuestra ciudad. Porque está claro que la mascota ha de ser un animalito. Así ha sido desde el noventa y dos. Un animalito taxonómicamente intratable, de varios colorines, aunque lo cierto es que con una constante paleta cromática , y de nariz y/o rabo desproporcionado. Ah! y regordete, cosa que es paradójica cuando se trata del patrocinio de eventos deportivos. Que, para serles sincero, a mí, que soy una piltrafa físicamente hablando, nunca acaban de caerme del todo bien; pues siempre pienso en mis camaradas perdedores. Imagínense los años de esfuerzo para llegar a una olimpiada. Nerviosismo, un mal día, mil factores posibles, te echan a casa a las primeras de cambio y, abandonando, el estadio olímpico, te cruzas con el gilipollas del muñeco y te dedica su mejor sonrisa. Lógicamente, le pegas una hostia. Pues eso, que no venga ningún sueco mareado.
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