¿Es una errata? ¿O el errato soy yo?
He de reconocer que no estoy versado en la gramática patria, tampoco en la foránea, pues ya sería un caso reconocer como materna la lengua búlgara, por citar un ejemplo, y desconocer aquélla que me ha parido, aunque el parto sea un engendro, como el de todos. Alguien dirá, pues ésta es tierra de inmigrantes, que ya le gustaría reconocer diversas lenguas extranjeras, pero ése es un cerdo, sea quien sea.
Bueno el caso es que hace unos días leía un titular en un periódico de distribución gratuita –Diario de Almería- que decía así “Almería recibirá 700 turistas suecos en barco”. Anduve todo ese día cavilando, la noche en claro, el día en turbio, si aquello estaba correctamente expresado. El titular, ¿era ambiguo? me preguntaba en las largas horas de la madrugada, ora cabeza en la cabeza, ora cabeza en los pies. Así, inquieto, pasé la noche. La posibilidad de que la ambigüedad únicamente fuese claramente implícita para mí, me desazonaba. Porque, digo yo, está claro su verdadero significado, ¿no?. Almería se va a convertir en destino turístico de centenares de escandinavos que acometerán estas latitudes en un maravilloso crucero. No lo precisa el rotativo, pero es seguro que harán parte de su viaje en avión, pues venir desde las tierras de Thor directamente por mar les llevaría, a mi juicio, un tiempo excesivo.
El otro posible significado es imposible, ¿no? Según éste, Almería se montará en un barco y saldrá a recibir a 700 turistas suecos. Hemos de suponer que estos señores acudirán a la cita navegando en otro barco, de forma que la alta mar será escenario de un hermoso encuentro, como el que se produce con motivo de las fiestas de la Virgen del Carmen o el Encuentro del ¿Jueves? Santo, aunque éste último no mediterráneo. Si nos ceñimos a este sentido del titular, quedaría no obstante por precisar que es “Almería”. Como es obvio, no puede referirse el periodista a que todos los habitantes de Almería montarán en barco. Eso sería una barbaridad. ¿Cuántos barcos se necesitarían? ¿Y quién quedaría a la orden de regular el tráfico del puerto, tendría que contratarse a uno de Huelva, pues los de Almería estaríamos en la faena de la recepción? Sinceramente, esto no lo factible y desde un punto de vista económico es ruinoso. Así que imagino que la abstracción “Almería” se refiere a un político o a una especie de mascota. Que conste que la conjunción “o” se utiliza para plantear dos alternativas, en modo alguno está siendo usada para expresar equivalencia entre ambos términos. Vaya, que no quiero decir que los políticos sean mascotas, sino que al barco de suecos lo recibe bien un político bien una mascota. Y yo creo sinceramente que esto no es un papel que deba ser asumido por uno de nuestros políticos. A saber, nuestro representante se puede marear, el agua y el viento le dejan el traje hecho unos zorros, y no es serio que la primera imagen que vean los suecos de Almería sea la de un político que sombrero en mano y agitando los brazos al viento se dirija a toda máquina al abordaje de su pobre trasatlántico.
Sin embargo, si cambiamos al político por una simpática mascota –para el caso que nos ocupa tan solo- el efecto puede ser, por el contrario, muy positivo. Entendámonos: están de vacaciones, hartos del viaje por mar, y antes de llegar a tierra un animalito les lleva un mensaje de bienvenida y de alegría de parte de nuestra ciudad. Porque está claro que la mascota ha de ser un animalito. Así ha sido desde el noventa y dos. Un animalito taxonómicamente intratable, de varios colorines, aunque lo cierto es que con una constante paleta cromática , y de nariz y/o rabo desproporcionado. Ah! y regordete, cosa que es paradójica cuando se trata del patrocinio de eventos deportivos. Que, para serles sincero, a mí, que soy una piltrafa físicamente hablando, nunca acaban de caerme del todo bien; pues siempre pienso en mis camaradas perdedores. Imagínense los años de esfuerzo para llegar a una olimpiada. Nerviosismo, un mal día, mil factores posibles, te echan a casa a las primeras de cambio y, abandonando, el estadio olímpico, te cruzas con el gilipollas del muñeco y te dedica su mejor sonrisa. Lógicamente, le pegas una hostia. Pues eso, que no venga ningún sueco mareado.
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